PREGUNTAS Y ANÁLISIS AL PROCESO ACTUAL DE LA HABANA

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(Foto El Universal)

Teóricamente y empíricamente sabemos que los comunistas no buscan la paz…sin embargo, nos atrevemos a negociar con ellos, la paz. El origen de las FARC, es algo, que remotamente se ha estudiado en Colombia, sencillamente porque todos los estudios que tratan sobre el tema, han tenido como base la teoría marxista. Nada de objetivo tiene un estudio marxista, sobre una organización marxista. Y hoy, medio siglo después de su “fundación”, queremos ver la paz, de nuevo, con la concepción marxista-leninista.

Aquí buscamos exponer los puntos por los cuales creemos que la actual negociación se da desde una óptica materialista. Sustentamos, que el gran triunfo de la guerrilla en Colombia es, nada menos y nada más, el que el Gobierno Colombiano haya aceptado una “paz marxista”. El problema no solo es negociar con ellos, sino aceptar sus condiciones. Y sus condiciones, y la de toda la “vanguardia” política que los apoya, es precisamente, aceptar una “paz comunista”, maquillada propagandísticamente en neo-términos que reemplazan al que sustentaron durante todo el siglo pasado: SS, es decir, Sociedad Socialista y/o Nacional-Socialista.

Ninguna sociedad ha alcanzado la felicidad por el triunfo del extremismo y la violencia. Pero no hay ninguna organización política que haya explotado más la violencia, en búsqueda de este supuesto fin, que los comunistas. No sólo su teoría fue enfocada en demostrar, que por medio de la “violencia del proletariado”, se lograba la paz y el mágico mundo socialista, sino que también lo pusieron en práctica. Para ello se creó el Ejército Rojo, El Gulag, la Tcheka, que luego fue la NKVD, que finalmente se convirtió en  KGB, en cuanto a la URSS internamente se refiere. En el mismo sentido, Lenin creó una maquinaria mundial, a la cual le dieron el nombre de Tercera Internacional Comunista, en 1919.

Desde su fundación, el comunismo colombiano fue producto y resultado de la intervención de aquella maquinaria mundial. No fue, como la historiografía mamerta nos quiere dar a entender, una evolución de las luchas sociales en Colombia. La gran directriz que daba la IC a sus secciones nacionales era crear un “aparato ilegal”, aparte de la otra condición importante de toda organización comunista, tener una “sección militar” o bélica, para instruir cuadros en la insurrección armada. Ese es el verdadero origen de las FARC, el ELN, EPL, M-19, etc.

Un magistrado de la Corte Constitucional que devenía de ideologías marxistas y que luego aterrizó en grupos políticos del mismo origen, dijo que “no es lo mismo asesinar para enriquecerse, que asesinar para que otros vivan mejor”. De esa forma, la izquierda local justifica sus asesinatos, heredera de la escuela mundial de “la lucha de clases.” Dicho sofisma, -la lucha de clases- es la justificación para asesinar a todo enemigo de la revolución, es decir, anticomunistas, ya sean ricos, pobres o mendigos, niños o ancianos, hombres o mujeres. La lucha de clases, practicada por las fuerzas armadas del comunismo internacional, nunca ha tenido como distinción real, las clases económicas y sociales. Las minas quiebrapatas, no tienen sensor, mucho menos la pistola de uno de los “delegados del partido” en la lucha armada.  Lenin ya había dado las directrices de lo que es verdaderamente una guerrilla: “La lucha armada o guerrillas son “algo particular, secundario, accesorio… que persigue dos fines diferentes, que es preciso distinguir rigurosamente: en primer lugar, esta lucha se propone la ejecución de ciertos individuos, jefes y subalternos del ejército y de la policía; en segundo lugar, la confiscación de fondos pertenecientes al gobiernos y a particulares. Parte de las sumas confiscadas va al partido, parte está consagrada especialmente al armamento y a la preparación de la insurrección, y parte a la manutención de los que sostienen la lucha que caracterizamos.” Así de claro.

Después de esta caracterización, nos preguntamos ¿Qué están dando las FARC en esta negociación, es decir qué sacrificios están haciendo, en aras de la paz? Resulta que, como lo decía un ex guerrillero, a los colombianos nos hace falta que nos den más “pedagogía de la paz”. Dicha expresión no es más que una forma de ocultar todo lo que se está negociando en La Habana, y lo que los colombianos no aceptamos. Se nos pide a los 46 millones de ciudadanos que nos sacrifiquemos por la paz. Que “nos traguemos un sapo bien grande”. Que hagamos perdón y “olvido”, que aceptemos circunscripciones especiales, que aceptemos el tráfico de drogas, que el desarrollo del campo se logra con las Zonas de reservas campesinas ZRC. Es decir, que los colombianos demos todo.

Y las FARC qué? Nos toca  agradecerles porque aceptaron sentarse a dialogar.  Es tan ridícula la proposición de las FARC, que ni siquiera aceptan la entrega de sus armas, pero si nos piden que el ejército sea rebajado drásticamente, es decir, que quede lo suficientemente vulnerable como para ser aniquilado por sus fuerzas. Las FARC no están sacrificando nada, o será que ellas entregarán las rutas del narcotráfico, y confesarán todas las verdades que Colombia necesita saber. Que si pedirán perdón de sus crímenes, respondieron entre risas y burlas “Quizás, quizás, quizás”. Esos son los sacrificios de las FARC en aras de paz.

Nos preguntamos ¿Por qué no quisieron negociar antes, y ahora que están derrotadas militarmente sí? Han existido largos, tediosos y usufructuados proceso de paz por parte de las FARC. Mientras que en 1984, el gobierno confiaba en medio de una tregua, que las FARC pensaban en la paz, y se acostaban todas las noches meditando cómo acabar la guerra, se levantaban entrenando sicarios, preparando paros y combinando como siempre, todas las formas de lucha.  El Caguán, ni que decir. Simplemente recordar los campos de concentración, heredados de los nazis, los cuales los aprendieron de sus maestros, la Tcheka. Y ver bajar al jefe de la “revolución proletaria y campesina” de una burbuja, arrogante y después de haber ordenado secuestros y asesinatos, fueron los sacrificios, que como hoy, hace el brazo armado del comunismo. Cambiaron las burbujas por botes, y la vieja selva por las playas habaneras.

Pero como nos llegó de nuevo la propaganda, llegó el “momento de la paz”, llegó el “momento histórico” y llegó el “basta ya”, ahora sí nos pusieron a negociar. Los comunistas hablan de la victoria total del proletariado, pero cuando se habla de victoria  del Estado contra las fuerzas subversivas, esa si “no es posible”. Ahí sí salen a decir, sus políticos mediocres y los idiotas útiles de siempre, que nunca por medio de la fuerza legítima del Estado es posible ganar esta guerra. De una forma u otra, se oculta la derrota militar de las FARC, de una forma u otra, el político de izquierda salva su brazo armado.

Decir que se está en contra que hombres y mujeres, que no les tembló la mano para asesinar, desaparecer y secuestrar, ocupen cargos públicos, es estar en contra de la paz, gritan. Decir que los crímenes del M-19 quedaron impunes –ojo, impunes- es ser reaccionario, guerrerista y retrogrado. “Progresista” es cobrarle millones de dólares al Estado, para los abogados de ciertos colectivos afines, y mandar a podrir a las cárceles a los policías y soldados, de los que hablaba Lenin. “Progresista” es hacer marchar la burocracia distrital apoyando la mesa de las Farc, o sea, poner el presupuesto al servicio de los intereses de las Farc.

Dice un ministro de hacienda, el oficial, porque tal vez, el de La Habana sea más explícito: “La paz es costosa, pero la guerra es aún más costosa”. Pero tratándose de guerras comunistas esto no es cierto. Sencillamente sabemos, que la “paz roja” es mucho más cara. Económica, militar, histórica y humanitariamente es más costosa. Las FARC, ofrecerán el 10% de sus armas, y ninguno de sus sicarios. Las FARC, entregarán propuestas de ley para despenalizar las drogas y “progresar en ese flagelo”, pero no entregará ninguna de sus rutas y contactos. Las FARC le dirán al país su verdad, o sea, que todo fue culpa de la sociedad y el Estado –como cierto informe-, pero nunca aceptarán que sus víctimas fueron militar y políticamente seleccionadas, dentro de la “lucha de clases”. Una paz conseguida pisoteando la verdad de la guerra, es aun doblemente costosa, no hay garantía de no repetición y hay revictimización.

Y les preguntamos a los promotores de la Habana ¿Por qué el fiscal sí les sirve y el Procurador no? Seguro dirán que el Procurador es un “camandulero retrogrado”, que le pone “palos y trabas al proceso de paz”, mientras que el fiscal, “es el mejor amigo de la paz.”.  A ellos les sirve un fiscal que encarcele más soldados que guerrilleros, que promueva el perdón total a los crímenes de las Farc y que nunca lleve crímenes de las guerrillas a las Cortes Internacionales.

Y si les preguntamos a los contertulios de La Habana ¿Qué es una víctima de la guerrilla? Nunca, tal vez, podremos saber quiénes y cuántos fueron, son y serán víctimas de las guerrillas comunistas, pero tal vez, en nombre de la verdad, podríamos preguntarnos, por qué ellos -guerrillas- asesinaron colombianos a diestra y siniestra; es decir, que nos digan,   cualitativamente, qué es una víctima de la guerrilla.

 campesino con hijo muerto

(Campesino carga a su hijito despedazado por una mina “quiebrapatas” de las Farc)

 

Por qué a mí? Preguntarían los cientos de niños inocentes que fueron masacrados, secuestrados, reclutados y cargados como niños-bomba. Ellos no entendieron por qué los asesinaron, si no eran ricos o burgueses, si no habían ayudado al Ejército, si no pertenecían a un partido político, si nunca habían empuñado un arma. Seguramente, cientos de guerrilleros, que cometieron asesinatos contra miles de inocentes, tampoco entendieron por qué les ordenaban asesinaban a la población y el campesinado, justamente por el cual, supuestamente, luchaban.

La verdad, es que no hemos entendido por qué ellos asesinan, quiénes dan las órdenes y a quiénes les benefician esos asesinatos. Bien nos lo decía Lenin, “Las acciones militares de guerrilleros deben realizarse bajo el control del Partido, y además, de forma que las fuerzas del proletariado no se malgasten en vano…” Ningún asesinato, ninguno de los actos demenciales, ningún secuestro, ni el más mínimo bombazo, así sea contra una iglesia llena de humildes chocoanos, es gratuito en una guerra revolucionaria comunista. Sus alianzas con el Cartel de Medellín, tampoco lo son. La creación de ONGs que ocultan sus crímenes, menos lo son. Todo está fríamente calculado. Le dejamos planteada está pregunta a La Memoria Histórica, a ver qué nos dice.

Nos queda simplemente reconocer que los estados democráticos liberales siempre están a la defensiva contra los grupos guerrilleros comunistas, a la espera de sus ataques, porque, por sus mismos principios, no pueden recurrir a las mismas armas que el comunismo. No podemos masacrar, secuestrar o torturar porque, contra eso estamos. Bien lo decía el coronel Rocquigny, que el terrorismo comunista, es muy al estilo de un juego de cartas entre dos “contrincantes, en el cual uno se atribuirá el derecho a elegir sus cartas, pero gritaría, se escandalizaría y pediría justicia ante la más breve ojeada que el otro, voluntariamente o no, echara sobre su juego. Uno combate como un franco-tirador, pisotea La Convención de Ginebra y otras más, ordena o tolera a sabiendas el robo, el incendio, la mentira, la muerte, el asesinato, pero no admite ser tratado más que por jueces, abogados, procuradores y Según el Código de Justicia. El otro combate de uniforme, respeta la Convención de Ginebra, las normas de la justicia, etc.”    

Entendemos con este llamado proceso de paz, que el gobierno terminó diciéndole a los guerrilleros: “Ustedes tienen la razón, que pena, los equivocados hemos sido nosotros, que no hemos comprendido la lucha del pueblo campesino colombiano, así ustedes lo hayan martirizado durante casi cien años.” La principal arma contra el comunismo es “trabajar para que todos los pueblos occidentales tengan verdadera conciencia de qué es y qué representa la civilización que defienden. La primera y más eficaz de las respuestas a la guerra revolucionaria es, la conciencia de sí mismo, porque es este “yo” el atacado. No se lucha sin fe. Colombia sólo se salvará si cree en sí mismo.” Este proceso ha querido invisibilizar las razones por las que hemos resistido durante tantos años a las guerrillas comunistas –y al comunismo. Se nos ha negado el valor de nuestra cultura, de nuestra sociedad y de nuestra democracia, como si hubieran sido una falacia, y no hubieran representado más que errores y perjuicios a la sociedad. La actual negociación, es la muestra de cómo se acaba la democracia, cómo se roba el derecho y el deber al orden, cómo se premia el asesinato político, cómo los valores de la sociedad y el respeto al individuo, se pueden acabar en esta guerra larga y dirigida por una élite oculta, tal vez, la élite menos conocida de Colombia, pero la más cruel y despiadada. La elite comunista clandestina.

Departamento de análisis histórico y socio político Comité VIDA

23-11-13

 

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