LA MEMORIA HISTÓRICA EXIGE LLAMAR LAS COSAS POR SU NOMBRE: COMUNISMO

FARC

(La paz de las farc. Manuel Vicente peña. Pag 21)

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) son una organización comunista. Ese es el verdadero peligro que representan, es su verdadera fuerza y es el motivo por el que aún existen. Hacer énfasis en su carácter terrorista es repetir lo que ya es lógico. No existe grupo, Partido o Gobierno comunista que no use el terror como forma de lucha, de someter o de gobernar. El terror es intrínseco al comunismo. Nos están presentando sólo los medios, pero nos están negando los fines que persiguen.

Ahora, en medio de la actual coyuntura, en que se habla de participación política de las FARC, desconocer que esa guerrilla es comunista, es engañar a Colombia. Y una de las principales formas de negar su origen y carácter, es precisamente, presentarlas como un grupo “terrorista”. Una cosa es una banda organizada de criminales que ejercen el delito como medio de enriquecimiento y que coacciona por medio del terrorismo,[1] y otra muy distinta, el brazo armado de una organización comunista, que tiene como una de sus funciones el asesinar, extorsionar, dinamitar, es decir aterrorizar, para buscar fines políticos.

Una de las tantas consecuencias de esta “diferencia conceptual” se manifiesta en la forma como se conciben a sus víctimas. Con ello se “des-politiza” a sus víctimas. Se reducen sus víctimas –víctimas políticas por antonomasia- que son el resultado de una maquinaria marxista, a la simple categoría de víctimas de una banda terrorista. Desconociendo que cada víctima de las guerrillas comunistas, políticamente hablando, no son gratuitas. O si no,  preguntémosle a la izquierda por su búsqueda incansable de politizar a “las víctimas del paramilitarismo y a las víctimas del estado”. Esas si son políticas.

Otra consecuencia, se manifiesta en los discursos de la pseudo-derecha en contra de las actuales negociaciones de La Habana. Oscar Iván Zuluaga, nunca va a poder argumentar y contra-argumentar de una buena forma, sus críticas en contra del proceso de La Habana, si sólo considera a las FARC como un grupo terrorista, dejando de lado su verdadera cara, la comunista. Se puede cansar de repetir que con grupos terroristas nunca es legítimo negociar, pero nunca va a poder responder a las afirmaciones clásicas: “Es que usted quiere otros cincuenta años de guerra”; “es que usted prefiere otros 280.000 muertos; “es que usted prefiere siempre de los mismo: violencia y más violencia”. Por otra parte, dicen: “es que negociar con las FARC, que son una banda de terroristas narcotraficantes, entonces es tan ilegítimo como negociar con cualquier BACRIM, que son también sólo bandas de extorsionistas, traficantes, sicarios y terroristas.” Ambas cosas contribuyen a lo mismo.

Para negociar con las FARC, se nos olvidó por completo sus nexos con el gobierno Venezolano, se nos olvidó que por medio de Cuba han recibido durante 50 años ayuda militar, económica y política, que han recibido ayuda del comunismo europeo, que formaron parte de OLAS, que participaron en el Foro de Sao Paulo, y que fueron fundadas por el Partido Comunista de Colombia. Se nos olvidó por completo su teoría marxista-leninista, y que usan todas las formas de lucha. El gobierno por su parte hace lo suyo: hace olvidar su cara marxista, presentándolos como una organización que se dio cuenta que después de 50 años no es factible llegar al poder por medio de la lucha armada, y que “nunca más armas y política van juntas”; el uribismo pone su otra parte: hablando de torres voladas, de extorsión a excursionistas, de niños reclutados, de policías asesinados, de narcotráfico, etc. ¿Qué grupo armado comunista no ha utilizado estos medios?

Denominarlas como banda armada terrorista, demuestra una verdad: no es lo mismo ser antiguerrillero, que anticomunista. Estados Unidos, y su participación en América Latina ha sido la máxima expresión de esta verdad. Nos ha mandado armas y plata para combatir a las guerrillas, pero muy pocas cosas reales hacen para acabar con el comunismo, y por el contrario, millones de seres murieron aplastados por la maquinaria comunista de la URSS y China, ante el silencio cómplice de estos defensores de la libertad. Hoy por hoy el Partido Conservador y Álvaro Uribe son la cabeza visible de esa equivocada política. Con el epíteto de “terroristas” la pseudo-derecha ha querido ocultar el origen comunista de las guerrillas colombianas.

Bueno, se podría contra-argumentarnos que el solo hecho de negociar ya es muestra que el Gobierno reconoce el origen político de la guerrilla. Pero he ahí otro problema, porque el gobierno al negociar la política agraria, la amplitud de la democracia, el problema de las drogas ilícitas, el desconocimiento de las víctimas, etc., se hace el que negocia con gente honrada. Veamos por qué los farianos no son gente honrada para negociar lo que se está negociando.

En La paloma roja de la paz leemos: “Lenin sostuvo la teoría de que el bolchevismo estaba autorizado para hacer uso de “cualquier engaño, método ilegal, evasión y ocultamiento de la verdad” para cumplir su “destino revolucionario”. Siguiendo las indicaciones del maestro, sus adeptos han construido una trampa con la palabra (paz), tanto en su propio país como fuera de él. Se han seguido por la teoría de que una mentira repetida bastante a menudo, aparecerá como la verdad, y nunca se ha aplicado esta técnica tan sistemáticamente como en la campaña soviética pro-paz.”

Ahora, en cuanto a la cuestión agraria sabemos que ellos solamente buscan que toda la tierra pase a manos del Estado-Partido, es decir a sus manos. En cuanto a la democracia, ellos llevan 160 años repitiendo que lo único que buscan es la “dictadura del proletariado”. En cuanto a las drogas sabemos, que el comunismo Internacional lo adoptó como forma de financiación en 1967 con la llegada de Yuri Andropov a la dirección de la KGB, las FARC no son para nada un caso aislado. En cuanto a las víctimas, tenemos un ciclo que ellos manejan: ejecución-negación-aceptación-utilización.  El caso más concreto ocurrió en 1957, en el XX Congreso del PCUS en Moscú. Ese año Khrushev, denunció los crímenes de Stalin –ejecuciones que el mismo Khrushev había firmado. José Stalin asesinó millones de personas, y aunque todo el mundo lo sabía, lo negaron. Cuando la mentira se hizo insostenible y murió el “bárbaro”, vino la nueva táctica de aceptarlos, pero aceptarlos como desviaciones de un líder. Finalmente, se utilizan como excusa, para, supuestamente entender por qué cayó la URSS, porque, es que de todas formas el socialismo es algo bueno.

La garantía de no repetición, tan en boga hoy en estos procesos llamados de justicia transicional, consiste precisamente en esto a que hacemos referencia. O se llama al partido comunista a responder por las satrapías de sus brazos armados y su combinación de las formas de lucha, o en una o dos décadas repetirá sus crímenes sobre las siguientes generaciones.

El gobierno le apunta a “olvidar” lo que son verdaderamente las FARC. Y la pseudo-derecha, a “ocultar” el carácter comunista de las mismas. Así trabajan para el mismo lado.

Dios se apiade de las víctimas de este error político.

 

[1] Eso sí, no podemos olvidar la larga historia que une la delincuencia común con las FARC. El mismo nacimiento de las FARC es una mezcla en donde fueron protagonistas los llamados “bandoleros”. Sus nexos con narcotraficantes de profesión, con contrabandistas de oficio y de sicarios de alta elite.

 

Departamento de análisis histórico y socio político Comité VIDA 10-11-13

 

 

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