LA “COMISIÓN HISTÓRICA DEL CONFLICTO” CREA MAS CONFLICTOS

Departamento de análisis

Marzo 2015

Lo primero que salta a la vista en los doce ensayos y las dos relatorías es que la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, fue creada para justificar las negociaciones de “paz”.  Como sabemos, fue puesta y compuesta por el gobierno y las FARC. Los unos tratan de justificar, desde el punto de vista del Gobierno de Santos, la necesidad de negociar con las FARC. Los otros, tratan de justificar desde el punto de vista de la guerrilla, que con las FARC es necesario negociar. He ahí un gran problema metodológico y teórico de fondo que impide la imparcialidad.

Aunque algunos ensayos se alejan de la versión marxista clásica, que aboga por el “derecho” a la rebelión y que culpa al capitalismo y élite colombianas de la violencia generalizada, lo cierto es que muy pocos se atreven a hablar de los problemas de fondo. Por ejemplo, muy poco se habla de la concepción ideológica de la guerrilla y las múltiples implicaciones de esto. También se borran casi por total las víctimas de las FARC. No se habla casi nada del castigo real que merecerían las FARC, equivalentes a sus actos de verdadero terror y genocidio. Y así muchos temas son abandonados o tergiversados.

Aclaremos una cosa: las FARC no lucha por el bien del país. La principal muestra de que el origen de las guerrillas comunistas no es la injusticia social, es que, aunque estos grupos llevan más de cincuenta años en acción, no han colaborado en lo más mínimo en la solución a los problemas de pobreza y desigualdad en Colombia. Por el contrario, su presencia ha impactado negativamente al país, ahondando las diferencias existentes. Hay dos pruebas de ello: primero, que las FARC se han asentado en aquellas regiones más productoras y con mayores riquezas, desterrando a cientos de campesinos de sus parcelas, acabando la infraestructura e impidiendo la inversión en las zonas que pueden generar desarrollo. Segundo, han existido problemas de fondo en Colombia, que se hubiesen podido solucionar o darles un mejor tratamiento, si la guerrilla no hubiese actuado en favor de ahondar la problemática, como por ejemplo el narcotráfico, que no hubiese prosperado tanto si las guerrillas no lo hubieran protegido, expandido tempranamente y, monopolizado en los últimos tiempos.

También es necesario dejar en claro que el pensamiento que ha acompañado al grupo armado que desde 1966 se llama FARC, ha sido el marxismo-leninismo. Aquello tiene implicaciones importantes, tanto para la historia como para las negociaciones, y el futuro del país. A lo largo de la reseña se presentarán estas implicaciones.

Ahora, pongamos sobre el tapete las discusiones. A lo largo de muchos ensayos, y de la segunda relatoría, los autores tratan de demostrar que la “combinación de todas las formas de lucha” ha sido practicada por el Estado. Con ello buscan “exculpar” al Partido Comunista de Colombia de ser el mayor impulsor de esta práctica. Una formula recurrente de los ensayo para acompañar esta ideas es presentar a los paramilitares más como criminales que como políticos, y a las FARC más como políticos que criminales, sabiendo que ambos utilizaron los mismo métodos de financiación, terror y asesinatos y que los unos proceden causalmente de los otros.

Un ensayo es centrado en el papel de los Estados Unidos como generador de la violencia. Es ampliamente conocido el papel de injerencia que Norteamérica ha tenido en el país, y que como protagonista de la Guerra Fría actuó en el conflicto colombiano de forma amplia. Además, su papel nunca ha sido ajeno a los intereses económicos oficiales o privados de Washington. Pero aquello no borra, (tan solo un ensayo lo toca de manera seria) el papel de la Unión Soviética en el fomento de la violencia en Colombia. Esta implicación marxista es ocultada de forma sistemática en los ensayos, borrando de un golpe media historia de las guerrillas y la mayoría de sus verdaderos orígenes. El papel del comunismo internacional en la violencia colombiana queda para un verdadero debate.

El otro tema álgido es el de las tierras. Varios ensayos lo toman como la fuente de todos los males. Un estado que ha beneficiado a terratenientes y una guerrilla campesina que lucha por la tierra es la versión marxista y casi que la del Gobierno Santos. Pero la verdad es que hay asuntos poco explicados. Alfredo Molano por ejemplo, toma la colonización como la reproducción del Estado criminal y de la lucha de clases. Pero la verdad es que la ampliación de la frontera agrícola fue beneficiosa para las FARC, no porque los campesinos las apoyen por verlas como sus verdaderos voceros, sino porque aquello les permitió someter fácilmente a cientos de labriegos y ponerlos a jugar política y económicamente del lado de la guerrilla. Según cuentan, después del llamado pacto de Chicoral, que decidió que el “problema de la tierra” no se solucionaría repartiendo las zonas andinas, sino colonizando las laderas, las guerrillas crecieron porque contaron con aquella “mano de obra” que se fue a colonizar. Esto, repetimos, benefició ampliamente a las guerrillas, pero, ¿entonces por qué se quejan? y además, ¿sería una decisión consciente que eso sucedería? y si fue así ¿quiénes la tomaron?

Aquello se conecta además con otro problema poco examinado en los ensayos. La acumulación constante de tierras por parte de las FARC, a tal punto que hoy son casi el mayor terrateniente del país. Aquello nuevamente demuestra el poco interés de la guerrilla por mejorar las “causas objetivas”, y el papel leninista jugado por la guerrilla como brazo armado del PCC, al acumular riquezas para la revolución.

Otro tema es la contrainsurgencia, tanto estatal como civil. Aquella es tomada como causante del conflicto, sanguinaria y represiva, mientras que la insurgencia como reivindicativa y constructora. Hay partes candentes que merecen examinarse con pinzas.  La primera, es que se critica mucho el anticomunismo de las Fuerzas Militares, especialmente del Ejército, pero no se habla nada del odio del comunismo a las fuerzas armadas, y cómo los Partidos Comunistas han creado todo tipo de estrategias para acabar a los militares. Recordemos que desde el Manifiesto Comunista de mediados del siglo XIX, una misión del marxismo fue destruir al Ejército profesional de los países occidentales. Esto sin mencionar que a lo largo de estos últimos 160 años, el marxismo leninismo la ha declarado la guerra a “toda la sociedad” existente: burgueses, iglesia, sistema social, económico, político, cultural, etc. Entonces, cómo pretenden acusar al Ejército de su “persecución”, si muy adentro en su ADN ideológico está exterminarlo, como al resto de la sociedad actual.

Critican duramente la existencia del concepto, “enemigo interno”, creado según varios autores por la política Estadounidense de la guerra fría, y que convirtió al Ejército en un brazo armado estatal contra toda forma de protestas social, acusándola de comunismo. Pero la verdad de dónde viene aquel concepto, puesto que también es practicado por el comunismo, pues ellos combaten burgueses colombianos, enemigos externos, y enemigos sociales y de clase. Además, aquel concepto fue primeramente practicado por Stalin en la URSS para justificar el asesinato de millones de personas en los años de la Gran Purga.

También encontramos la contrainsurgencia civil. Aunque varios ensayos se centran en presentarla como un producto criminal del capitalismo, lo cierto es que surge del estado de necesidad y la legitima defensa colectiva de comunidades azotadas por la criminalidad guerrillera comunista desde sus inicios y el abandono de la seguridad estatal.  Pero también proviene del pensamiento cristiano, de la defensa de la familia, de la institucionalidad, del trabajo honrado, de la cultura campesina, de la democracia. ¿Pero por qué todos estos sectores son anti-insurgentes? Sencillo, porque las FARC representan un sector político totalitario, criminal, ateo, anti productivo y socialmente incompatible. Es decir, representa al comunismo. He ahí las implicaciones de ocultar lo que son verdaderamente las FARC.

Por ello, a diferencia de lo que se expresa en varios ensayos, la casi totalidad de civiles que combatieron a la guerrilla, -principalmente antes de la aparición del narcotráfico- fueron víctimas de su política criminal. Una muestra real de lo que transformó el conflicto, entre un brazo armado guerrillero criminal y actores civiles que se defendían, en una guerra contra toda la población civil desde la guerrilla y los “paramilitares” fue el caso de Gonzalo Rodríguez Gacha. Las FARC fueron tan malvadas que hasta con sus aliados criminales salieron guerreando, lo que terminó en una guerra de carteles de la droga, incluida la guerrilla, y no una lucha entre izquierda o derecha, o como ellos lo anuncian en sus escritos, una lucha de clases.

También aprovechan el caso paramilitar para sugerir varias tesis discutibles. Según varios autores, los narcoparamilitares fueron creados para combatir la “insurgencia social” representada en la guerrilla, la cual había logrado avances visibles en su lucha social. Nada más falso. Primero, los narcoparamilitares, muchos de los cuales fueron en sus orígenes guerrilleros o militantes de izquierda, no son lo mismo que las autodefensas campesinas que se defendían de la guerrilla criminal. Y segundo, la guerrilla nunca ha ayudado a la mejora social de los colombianos. Por ejemplo, en un ensayo se lee: “el conflicto es antagónico y, como tal, coloca de un lado a quienes se oponen al sistema, lo controvierten y quieren sustituirlo, y de otro a quienes buscan conservarlo y reproducirlo.” En otros apartes añade que el sistema es perverso y desigual, queriendo decir que quienes se oponen son buenos, quienes lo resguardan son malos. Esa lógica de darle sentido político “conservador” a los paramilitares, busca darle sentido bueno a las acciones criminales del marxismo,

Esto deja al descubierto otro problema real, pero bastante ocultado o medianamente tratado: las FARC son un cartel de la droga en todo el sentido de la palabra. Son incluso doblemente peligrosas: son un cartel de drogas comunista, y comunista internacional. Los autores más cercanos ideológicamente a la guerrilla casi que ni nombran los nexos de las FARC con el narcotráfico, mientras que los más realistas no ponen las cifras en su dimensión real. El tráfico de drogas ha sido una cuestión histórica del comunismo: desde la China de Mao en los años 20, pasando por el paraíso narcótico de la Cuba Fidelista de los 60, hasta el puerto exportador de los Ortega en Nicaragua. Todo esto antes que las FARC se involucraran de lleno en el negocio. Dejemos claro, las FARC son el mayor cartel de drogas del mundo, y poco se habla de su capacidad económica real.

Las FARC como víctimas. ¿Qué tan cierto es que las FARC son víctimas? Lo primero que cabría preguntarse es que si las FARC son víctimas, ¿por qué antes de 1948 muchos cuadros del PCC ya tenían formación militar, y tenían escuelas especiales de entrenamiento insurreccional? Otro punto es que las FARC son las herederas de toda una cadena insurreccional, en donde sus cabecillas poco o nada han sufrido. Por ejemplo, la llamada “masacre de las bananeras”, que fue el primer levantamiento insurreccional comunista en Colombia, con enviados especiales desde la Unión Soviética, y que contaba con el primer brazo armado comunista del país, fue un claro intento de golpe de estado contra un gobierno legítimamente electo. Además, no se dice nada sobre la impunidad que ha reinado a favor de los grupos de izquierda, y cómo el pueblo colombiano ha llorado sus muertos y nunca han tenido castigado esos crímenes.

Según la propuesta clásica marxista, el PCC y los grupos de izquierda son sectores y líderes “subalternos”. Pero, qué tan subalterno es un comandante guerrillero. ¿Un joven de clase media urbana, que está estudiando en una universidad pagada por el Estado, que decide ingresar a las Juventudes Comunistas, es ideologizado y enviado a la Unión Soviética a recibir entrenamiento militar y complementar sus fundamentos marxistas, que posteriormente vuelve al país para ingresar a las FARC, bajo el mando del Comité Central del Partido Comunista, y asesina campesinos y soldados, puede ser declarado como víctima? Es por el contrario, un victimario voluntarista, que ve en el asesinato un medio para que el marxismo domine al país. Las FARC, son ante todo, el principal grupo victimario de la historia colombiana.

Los autores aluden a que “el Estado criminal” ha practicado genocidios sistemáticos contra la izquierda. En un ensayo se lee: “(…) se incrementa la criminalización de la protesta social, la judicialización de los luchadores populares y el terrorismo de estado;”. Es decir, se viene diciendo que desde los años veinte se incrementa el terrorismo de estado. Y se aluden a fuente como El libro negro de la represión, que trae datos alterados. Pero si ese crecimiento exponencial fuese real, ya estaríamos en medio de una dictadura asesina que ni siquiera aceptaría fiscales de filiación marxista y caracterizados por búsqueda de una revolución de izquierda en Colombia. Tampoco tendríamos desde aquellos años, presidentes de altas cortes, cosa que viene precisamente desde los años treinta, cuando Guillermo Hernández Rodríguez, primer Secretario General del PCC, fue miembro de la Corte Suprema de Justicia, postulado y respaldado por los grandes líderes del capitalista Partido Liberal, y entre otros connotados como Carlos Gaviria o magistrados como Pardo Leal.

Varios ensayos cuestionan la violencia sindical, la violencia contra los líderes de izquierda y contra los líderes de la protesta social. Aunque es verdad que varios miembros de la izquierda cayeron en la lucha contra paramilitares y otros en aplicación de políticas de purgas, nada se dice sobre la politización de la protesta social ejercida precisamente por el marxismo. El Partido Comunista manipuló en su beneficio político las protestas sociales, y las convirtió, según su teoría, en la punta de lanza de sus acciones. Por lo tanto el accionar criminal de su brazo armado, se vio fuertemente reflejado en las respuestas de los narcoparamilitares que los combatían.

La gran mayoría de los ensayos alude al Partido Comunista de Colombia y sus filiales y disidencias siempre como víctimas, pero nunca como victimarios. El Partido Comunista creó a las FARC y las sostiene como su brazo armado, por medio de la política de la combinación de todas las formas de lucha. Además, ningún PC ha luchado alguna vez por una verdadera democracia, o mejora social del pueblo. Esto una verdad histórica mundial, que en medio de las negociaciones locales se ha ocultado. Ningún sistema político ha sido tan criminal como los marxistas (incluidos claro está, el Nacionalsocialismo alemán) sino recordemos “el libro negro del comunismo” donde se establecen 100 millones de víctimas de los regímenes comunistas de la URSS Y China.

Otro punto reiterante en los ensayos ha sido el escalamiento del conflicto. Ante esto hay que hacer varias precisiones. Primero, el conflicto contra el campesinado siempre ha estado latente, incluso en los años en que, según los autores marxistas, no se había “degradado” la guerra. Décadas como los sesentas y setentas, en que el conflicto fue “bueno” hubo sistemáticas eliminaciones de campesinos a manos de las farc, eln ,epl. Desde las llamadas Repúblicas Independientes, hasta zonas como el Magdalena Medio, Cauca o Tolima, las FARC ejercieron un verdadero terror, que acabó con familias, parcelas y sociedades. El conflicto es virtualmente degradado, desde que el tinte marxista es el protagonista. Lo mismo ocurría en las zonas de influencia criminal del Epl y el Eln.

Según un autor, “los paramilitares se erigieron así como los principales responsables de las formas degradadas del conflicto armado.”  Pero entonces, quiénes son los que han dejado sin vida o mutilados a miles de colombianos con las minas quiebrapatas? O quiénes han sido los que han volado cientos de veces los oleoductos, llegando a quemar decenas de personas, y dañando el medio ambiente, como ninguna transnacional lo ha hecho. O quienes han cometido masacres de hasta 120 personas, la mayoría niños, en una iglesia. La verdad nada justifica el accionar narcoparamilitar, pero la guerrilla enseñó a cometer grandes crímenes degradantes en todo sentido. Otro punto que no se nombra, es a las FARC como responsables de los fracasos de procesos de negociaciones anteriores como los del Caguán y La Uribe. Es necesario aclarar que aquellos intentos de acabar “políticamente” con la violencia fueron poco exitosos porque mientras se negociaba, las FARC las vieron como medios para expandirse, mientras se fortalecían en armamento, hombres y dinero, pensando en su triunfo militar. Y por ende, en un crecimiento exponencial de su violencia.

Un punto central es el papel del Estado. Unos lo ponen como el mayor generador de violencia y como un simple medio del capitalismo, la burguesía y los terratenientes para dominar y mantener en la pobreza a la mayoría. Otros más acertadamente le dan una responsabilidad, precisamente por su debilidad como garante social y judicial, dejando crecer la guerrilla desmedidamente. Los primeros presentan al comunismo como la antítesis de aquel Estado opresor, tomándolo como algo bueno. Por ello, abiertamente expresan una idea capital del texto en su conjunto, y por ende de las negociaciones: si no se le entrega el poder a la guerrilla, o se cambia el sistema capitalista –obviamente por uno socialista- la violencia seguirá. Conclusión no solo a la que se llega con los argumentos de los “académicos”, sino también con los argumentos expresados por personajes de la política, que nos aseguran, intimidantemente, que si no se negocia con las FARC habrá otro millón de muertos.

Los académicos realizan balances de la historia nacional, como por ejemplo de la llamada “Revolución en marcha”, y entre líneas plantean que si en aquellas etapas se hubiese girado más hacia la izquierda, la violencia jamás se hubiese producido. Repitiendo que una de las necesidades para acabar con el conflicto es hacer aquello que no se hizo: llevar al país hacia cambios socialistas, “giros de grados hacia la izquierda”, como dicen. Esto explica por qué muchos toman la ley 200 de 1936 como una experiencia que se debería cumplir hoy en día, es decir, comenzar a socializar el campo. Además, no se ejemplifican reformas agrarias comunistas exitosas, (porque no las hay) donde el lector pueda entender mejor a lo que van los análisis.

Según se dice, y varios ensayos muestran la “desigualdad de la propiedad de la tierra”, como el principal factor del conflicto armado. Pero no se analizan aspectos como cuánto producen los minifundios y cuánto producen los latifundios. Qué relación se pueden encontrar entre ambos sistemas productivos en temas como el empleo; o cuál es el más productivo. No se hacen referencias a los beneficios de la gran propiedad, satanizándola de entrada y presentándola intrínsecamente perversa. Con los datos expuestos en los ensayos no se encuentra cómo se puede analizar cuál es el más productivo y cuál le sirve más al país. Mucho menos se exponen cifras del sistema productivo que buscan: el colectivista.

Una muestra de cómo los marxistas ven al Estado asegura: “se configuran dos sociedades, dos países, dos mundos, con experiencias escindidas y abismales, que algunos investigadores denominan “país real” o “país formal” o “país político” y “país real”. Con ello aluden a que el Gobierno nacional a lo largo de nuestra historia republicana no ha sido el representante del pueblo, ni mucho menos ha velado por sus intereses. Pero lo cierto, es que sí hay una gran variedad de deficiencias estatales que lo separan del conjunto de la sociedad como la corrupción, el clientelismo y el parasitismo, como también hay una verdadera, amplia y contundente separación entre la sociedad colombiana y las FARC.  Aquello poco o nada se dicen en los ensayos. Aquello es capital para entender una pregunta igualmente importante: ¿A quiénes representan las FARC? A los campesinos que han sufrido su violencia sistemática; a los políticos asesinados; a las comunidades indígenas y afrocolombianas violentadas por sus frentes; a los líderes naturales y hacendados productores asesinados, secuestrados y extorsionados; a los narcotraficantes y miembros de Bacrim con quienes tienen contactos y guerras; a las élites económicas; o a los que abogan por la revolución marxista en el país, entre quienes están los “académicos”, connotadas ONG; medios de comunicación y partidos políticos que ocultan su ideología.

Además, varios ensayos se centran en criticar a las decisiones estatales, que según ellos, siempre buscan favorecer a los grandes capitalistas en detrimento del pueblo. Pero hay un ejemplo muy llamativo: el neoliberalismo. Según los autores el neoliberalismo favoreció el crecimiento exponencial y la degradación del conflicto, puesto que es una política en favor de las transnacionales, representadas en el Estado, y que empobrece a los campesinos y trabajadores, representados por las FARC. Hay críticas precisas contra esta tesis, como la de Francisco Gutiérrez, que asegura que en muchos países el neoliberalismo también fue implementado, sin que la violencia creciera, o surgieran grupos guerrilleros. Pero acá nos preguntamos, cómo entender que los mayores mandatarios promotores del neoliberalismo, como Belisario Betancourt, César Gaviria y Ernesto Samper sean hoy los mayores defensores del proceso de La Habana, si precisamente ellos, al ser neoliberales, representan supuestamente la antítesis de la guerrilla? ¿Hay algo detrás?

Ante el planteamiento del Estado opresor, debemos recalcar que hay dos puntos convergentes, que el marxismo ha creado en perjuicio de la sociedad, culpando al Estado por sus resultados desastrosos. Primero, quien ve como a un enemigo no es el Estado al comunismo; sino que es el comunismo quien ve en la sociedad actual a su enemigo. Dos, quien busca apoyarse en ciertos sectores sociales para destruir el aparato estatal y utilizarlos en su proyecto revolucionario armado es el comunismo; no es el Estado quien ve en aquellos sectores un enemigo potencial. Un ensayista culpa al Estado presentándolo así: “el enemigo insurgente es concebido como un movimiento organizado en diversas formas y dispuesto a movilizar diferentes recursos para disputar el control del aparato estatal, para subvertir el orden existente y trastocar la estructura de poder; movimiento que adelanta una lucha prolongada tanto militar como política para debilitar el control y la legitimidad gubernamental.” La verdad es que esto no lo dice el Estado, ni siquiera los políticos más radicales; aquello, por el contrario, lo dice la teoría marxista. Aquella es clásica expresión de utilizar la democracia para destruirla.

Además, según su teoría el Estado es visto como el “Bloque Dominante y Opresor”, o como lo denomina un ensayista: “bloque de poder contrainsurgente.” Pero se les olvida algo, que muchos sectores de la izquierda han hecho parte de aquel Bloque. Candidatos presidenciales que en la actualidad representan al marxismo colombiano, son hijos y nietos de Presidentes. Varios mandatarios se han nutrido del marxismo, como Alberto Lleras Camargo, que junto con su hermano Felipe fueron de los impulsores del comunismo en los años veinte. Hombres poderosamente ricos como Alfonso López Michelsen tuvieron excelentes relaciones con los jefes guerrilleros comunistas Tirofijo y Juan de la Cruz Varela. Además, fue el embajador de la Revolución Cubana en Colombia. Ni hablar de personajes tan dudosos como Ernesto Samper que hoy en día es el Secretario de UNASUR, una multinacional revolucionaria del Socialismo del Siglo XXI.

Como lo anunciamos, en el informe de 800 páginas, se nota un esfuerzo por asegurar que el Estado fue el primero en combinar todas las formas de lucha, seguramente para no cobrarle históricamente al Partido Comunista esa práctica ilegitima y antidemocrática. También en los ensayos que de alguna manera cuestionan a las FARC, se quedan cortos al explicar el papel del PCC antes de la Violencia de los años 50. Por ejemplo, Gutiérrez para explicar el crecimiento de las guerrillas habla de una “herencia guerrillera” de los años 50 que se fue haciendo en el fragor de la lucha, que según cuenta fue espontánea. Pero se le olvida que para aquel periodo miembros del PCC ya habían ido a estudiar a la URSS, acciones bélicas revolucionarias.

También hay un amplio vacío por preguntas concretas y elementales. Los ensayistas que se alejan de la versión clásica marxista, reconocen que las FARC nacieron junto con más de cien grupos guerrilleros en toda América Latina, y que todos estos grupos fueron creados sistemáticamente por las potencias comunistas. Pero ni siquiera hacen mención a ¿cuánto costaron el centenar de grupos guerrilleros, de dónde salió el material bélico, de donde salieron los profesores de las guerrillas? Nada de ello se menciona en el informe. Las FARC crecieron de la nada, y supuestamente los más pobres, tuvieron el armamento necesario para enfrentar a 16.000 soldados. Eso no es un mito, es una ofensa a la verdad histórica y a las víctimas.

En fin, quedan muchas preguntas en el aire, que los ensayistas poco trabajan, seguramente, porque como lo advertíamos, metodológicamente trabajan para justificar las negociones: ¿Qué ha hecho la guerrilla por el bien del país?    Cuál ha sido la historia de los crímenes de las FARC?  ¿Las FARC son el mayor cartel de las drogas? ¿Cómo ha sido la violencia endógena de las FARC? ¿Qué papel ha jugado el reclutamiento forzado dentro de las FARC? ¿Las FARC no han buscado enriquecerse?  ¿Cuál ha sido el verdadero alcance de la FARC-política? Y sobre todo ¿El papel del PCC y su pensamiento marxista leninista dentro del accionar de las FARC? Aquello permite asegurar que las FARC no han cometido errores, o delitos políticos, o abusos, o terrorismo, no. Las FARC han cumplido el papel que les corresponde como brazo armado de la revolución: asesinar a los que se les opongan, sean agentes estatales o particulares, y enriquecerse para facilitar la revolución comunista.

 

 

 

 

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